Mirada Solidaria (28/09/2007) |
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Como todos los días, mi recorrido hacia la facultad está dividido en 2 tramos: un tren hasta Retiro y desde ahí puedo elegir entre viajar en subte, haciendo combinación hasta la estación Facultad de Medicina, o tomar el 106, que me deja en Córdoba al 2100. Siempre opto por el subte, pero una tarde muy fría de miércoles decidí cambiar el trayecto y me subí al 106, y fue ahí donde me pasó algo que cambió totalmente mi esquema mental sobre el comportamiento de las personas.
Mi viaje en tren dura exactamente 45 minutos y, durante ese lapso, pude ver todo tipo de situaciones, pero las que más me llamaron la atención son las actitudes de repudio ante los vendedores ambulantes. Y son estos los momentos en donde uno puede ver enfoques distintos a partir de una misma situación planteada. Cuando el tren paró en Boulogne, subió una nena que aparentaba tener 6 años a repartir estampitas: es una premisa que te encuentres con gente que no recibe la estampita sólo para no sentirse comprometida con el aporte de una moneda; el señor de traje y la señora muy bien vestida con su cartera Louis Vuitton (imitación, por supuesto, si fuera original no estaría viajando en tren) que miran con desprecio ante el estado paupérrimo de la nena; los que se duermen (o hacen que se duermen) con auriculares puestos conectados a sus reproductores mp3/mp4 a todo volumen con la intención de olvidar la realidad que los rodea… y así un montón de casos.
En fin, la cuestión es que la nena repartió estampitas a todo el vagón, incluyéndome a mí, que yo estaba ubicada al final de éste. Cuando volvió desde el primer tramo de vagón a pedirme una moneda, pude ver que recaudó solamente 30 centavos. Como yo no tenía monedas, le di un billete de $2, pero para sorpresa mía la nena no me los aceptó y me dijo: “gracias señora, pero es mucho por una estampita… igual se la regalo” y se fue rápido al vagón siguiente, sin que le pueda decir que, de todos modos, le daba los $2 o, por lo menos, un “gracias”. Este tipo de actitud me sorprendió, especialmente porque no me lo esperaba. También me hizo pensar en el desfasaje que existe actualmente en los valores de cada una de las personas a partir de la edad, la formación y la experiencia de vida… ¿cómo puede ser que, de 50 personas que había en el vagón, haya recibido solamente 30 centavos y que encima no me haya recibido los $2? Es una pregunta que, hasta el día de hoy, no sé la respuesta.
Cuando llegué a Retiro, me encontré con “las chicas del kiosco”. Hace ya 5 años que las conozco, y siempre paso a saludarlas y a comprar mis preciados caramelos Halls. Salí del kiosco y me enfilé en dirección hacia el subte, pero en un momento me frené y me dije: “no, mejor el 106” . Generalmente, cuando tengo estos clics de cambiar trayectoria, las cosas me salen mejor en lo que resta del día, pero esta vez fue diferente. Necesitaba este cambio de rumbo para aprender a percibir un poco más la solidaridad encubierta que existe en las personas. Me subo al 106, que estaba medio lleno, pero éste hizo 2 paradas más y en un instante se llenó hasta más no poder. Como sufro de claustrofobia, me descompongo fácilmente. Me puse pálida y sudorosa, estuve a punto de desmayarme cuando justo me sujetó un señor que llevaba al hombro una caja llena de paquetes de obleas: un vendedor ambulante. Me mira y me pregunta “¿te sentís bien?”. Yo asentí con un leve movimiento de cabeza y le agradecí con la mirada. Luego observé el panorama del colectivo: nadie se percató que estuve a punto de desmayarme, ya que todos viven en su propio mundo y no escuchan y/o advierten la presencia del otro. Me bajé del 106 observando por última vez a la única persona que tuvo la intención de ayudarme cuando más lo necesitaba, y noté que su semblante denotaba preocupación. Recé una plegaria por él, su familia y la nena del tren mientras cruzaba Córdoba, y entré a la facultad totalmente en paz, como quien ha aprendido una lección de vida muy importante. Nunca más pude encontrarme con el señor o la nena, pero ellos me enseñaron que todavía existe la solidaridad en las personas y, por qué no, a luchar para que prevalezca la comunión entre nosotros.
Excelente. Un punto de vista que no se percata de nada y la verdad que sorprende la mala actitud que tiene la gente "normal". Yo francamente, nunca hubiera pensado que un vendedor ambulante fuera quien se preocupara de tu situación. Deja algo para pensar, es decir que algo estamos haciendo mal porque no puede que ser que un ser humano exactamente igual que vos se este por desmayar y vos sigas en tu burbuja escuchando música.
Lalo TE HAS CONVERTIDOOO ajajaja
Estas son experiencias concretas (como lo que te decia ayer) y siempre tenes que tener memoria de estas porque prevalecen y son un recurso renovable siempre.


